domingo, 31 de marzo de 2013

CANTO SIN VERLA / Poesía de José Ignacio Restrepo



RESIGNACIÓN


A que sostienes
con tu piel mi voz secreta,
y en cada verso querida viene impresa,
la tonada fiel de tu hermosura,
el clamar tempestuoso de tu pecho,
que brillaba en sin igual blancura,
y ante el alijo lleno de promesas,
mi voz entona bellos cantos diurnos,
que se enredan en tus manos sutilmente,
y luego en los senderos de tu cuerpo...
Pongo los viajeros vientos por testigos,
de que mi voz de amante y centurión,
ha marchado a hacerte una canción
en tono de tormenta y luego viento
como dueño que soy de tus recuerdos,
 ingenioso, romántico, y etéreo...
A qué si lo que doy es poesía
tarde engalanas a solas mis premuras
 y las perpetuas del aire travesuras
que forman filigranas cuando llegas,
para que yo las vea, solo yo,
se van después, amor,
dejando bruma...

Hoy ardo corazón que me atropellas,
ella no está y tú me la recuerdas,
tarareas las cantas que gustaba,
me las gritas sin pena allende al alma,
respiro sangre y lloro mi dolor
que no es coraje sino rabia de ausencia,
es por el peso, el rústico equipaje,
las heridas de verla en todas partes,
el deseo de ya cerrar los ojos
y mirar hacia adentro, a otra parte,
pero es una oración sin monumento,
una pelea cazada y ya perdida,
pues ella mora dentro de mi vista,
ocupa todo lo que hay recién abierto,
y aquello alegre que no ves
es que no existe,
quedó todo lo triste
y marcha lejos...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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sábado, 30 de marzo de 2013

SELVA ADENTRO / Poesía de José Ignacio Restrepo



ACÁ SOLO


Hoy hice reflexión a manos llenas
sobre ese hecho indigente de llevar
al hogar vacías ambas manos,
cuando esperan los tuyos que regreses,
con aquello que juntos necesitan,
para irla pasando, nada nuevo,
solo aquello que da mantenimiento,
como solemos decir esos correctos
aditamentos que permiten llevar
el suceso del grupo funcionando,
me he quedado parte del día cavilando,
sobre las manos vacías y las llenas,
he mirado la gente como lleva
esas utilitarias y gemelas
extremidades de arriba y no termino
de conceptuar hilando muy, muy fino...
Los más pobres de todos son nerviosos,
y con ellas parecen ofrecer
su fuerza intacta que entregan muy barato,
siempre llevan muy poco hasta su mesa,
poca comida en la boca de los críos,
repone algo que hace tanto tiempo falta,
y que en las casas-castillos
antes sobra...
Ya no me quedan ganas de mirar
mis manos ambas tecleando sobre el laptop,
uñas cuidadas, emanan buen aroma,
hasta las letras se rigen por la forma,
del buen decir y el escribir sin tacha,
así como la piel que ha recibido
ciertos cuidados,
no sé cómo decirlo...
Miró mis manos,
detengo la escritura,
mi mente tiene rasgos de cansancio,
y mi alma cuelga bosque adentro,
donde está oscuro y duele casi siempre,
está de cabestrillo,
nunca miente...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright ©

jueves, 28 de marzo de 2013

OTROS EDILES / Poesía de José Ignacio Restrepo


EL BALCÓN 


No termina sin pies
la jornada de escaldados sueños,
miradas memorizan cantos,
oídos con callos hacen matemáticas incruentas
con ojos saltones que muestran
que han visto locos huracanes,
y entre tanto mi voz
que nada sabe,
ya no se mortifica,
ni propone,
sueños mordaces, ligeros o distantes
buscan protagonistas imperfectos
en estos vinculantes hombres tristes
que parecían momias de silencio
por no querer narrar
los dolores que llevan 
a montones...

No abarca mi sensible instante
el vasto mapa roto por los hombres,
repta en el suelo el bazar de las historias,
sus contratiempos épicos,
la involuntaria noria que los hombres
sin ayuda somos,
y entonces veo ilusiones trastocadas
buscando aire,
tomando fe de esas aguas pantanosas,
sobreviviendo apenas,
a la sombra incoherente
de los dioses...

Y azara el triunfo
tras la puerta graciosa y vertical,
de una casa con los nombres grabados
muchos muertos que saltan por los lados,
con los ojos vacíos,
y los labios morados,
tu también,
respiras difícilmente las derrotas,
y mantienes el latir exacerbado
para llegar sin repasos a algún lado,
no te llamas,
te nombran y se marchan,
los que arriba con pies y alma escaldados
te veían volar allende al mar
horizontes atados
al azar...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
• Copyright ©


miércoles, 27 de marzo de 2013

USO LA SAL PARA MERMAR DOLORES / Poesía de José Ignacio Restrepo



¿QUIÉN ME CURA?


Ay, y vienes a serenarme niño, 
fraterno, entre frugal y terco,
para llenar de niveles
esos ácidos y romos,
mis relieves,
yo
inconstitucionalmente
engreído,
viendo taras en todo lo caído
que solamente tendido a descansar,
hizo un corto paréntesis,
y tú vienes,
 le das fresco al calor intransigente
que domina el idioma y el silencio,
reptas con tu cuerpo extrovertido
sin sexo,
ni futuro,
como lo que es perfecto,
un bien perenne...
Dársenas hoy se caen 
sin que nadie ataque, 
es la voz de la estirpe de los tiempos, 
aclamada en silencio por las hadas, 
de ese norte infame y aún difuso, 
que te nombra 
y me nombra 
en sus anales...
Sin límites, ni deudos preconiza, 
una tierra caótica y remisa, 
a tomar a los pájaros por dioses, 
y al amago por cierta curación, 
alabada tu voz, Anacreonte, 
llegado de la Cura con tu luz...
Ahí vienes,
sutil y serenado,
tomando de mi angustia tu decir,
en tu bello bigote, y tus arrugas 
que apenas son unas rayas pequeñas,
sin recuerdos de colegio,
ni un lápiz para hacer tareas,
poeta de remiendos,
me repites,
me dices con cariño nuevamente,
cuida de tus ojos,
son la nave al infierno serenado,
el útil de visita al cielo,
la espada que todo parte en dos,
tu misión
y él que lee, 
y volteándote juguete
bien te marchas,
 y me gritas con tu cola
adiós..

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 26 de marzo de 2013

CUÁNTO.../ Poesía de José Ignacio Restrepo


COMPRAVENTA


Compra un vaivén
en la danza con velos de mis ojos,
cuando te miran, 
y entre magia parpadean,
pues sin moverme me acerco
a donde estás,
cómpralo
con los bonos que te he dado
en cada ansiosa mirada,
en cada ardiente caricia prometida
cuando te envío silencios
reina mía...
Compra, te doy todo fiado,
te lo cambio,
por senderos y rutas a tu vida,
soy banco donde puedes arriesgar,
fortunas, cien herencias, 
un billete,
no importa si es de mil
o de cien mil, 
o un fardo de monedas,
de fiador te sirvo, de albacea,
cómprame corazón
que otra misión no tengo,
en este minuto infame sin tu vida,
solo que tú me tengas
al valor que tu pongas,
vida mía...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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