jueves, 16 de noviembre de 2017

SIN PREÁMBULO / Poesía de José Ignacio Restrepo


AL CARBÓN


Suelto ya de todos los preámbulos,
de comienzos que digan liberado,
puedo exhumar de mis fondos más honestos
tus rostros de la luz fotografiados
para encender inicios renovados
con bocas porfiadas
de otros sesos
y regar con sus ecos veleidosos,
tus matas, tus paredes despintadas,
el olor que perdura de lo que eras
por los que fueron
nuestros aposentos...

Puedo inculcar de anís esas miradas
que critican lo que soy sin conocerme
cuando monto en el metro de mañana,
y dejo a secar sin sol sobre la bici
mis decencias moradas,
sabiendo que no es forma de matarme
dejar huesos partidos y aluminio
por salir casi ebrio
a pedalear...
pero no sé muy bien como posar
de olvidadizo y franco al mismo tiempo
cuando veo cerradas las ventanas
y calladas las puertas,
porque olvidaste llevar contigo éso,
la llave para abrir, para cerrar,
este donde acabar
fiel mausoleo...

Te confieso, no sé bien perdonar
ese mal que me has hecho,
llevándote contigo y sin decir
el aire de este sitio...
hallo ya muy difícil respirar
y salgo para salvarme a cualquier hora,
 los otros dirán que no tuve paciencia,
que se han muerto las dos niñas de mis ojos.
Pero solo es amor por dar pelea,
sobrevivir así de forma vil,
mientras puedo entregarte
esa pequeña,
la llave que dejabas cada rato,
cuando ésto era nosotros,
¿aún recuerdas?
y tenía que abrir a tu regreso
y darte acaso un beso...
y ofrecerte el amor que ya no tengo.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 2 de agosto de 2017

DE LA BRUJA PALABRA / Poesía de José Ignacio Restrepo


RÉQUIEM


Tendido estoy, yerto,
la salvaje escasez de tactos de alma
ha cernido con ansias lo que llevo
y aunque calmo soy preso de temblores...
donde llevaba flores coloridas
hay caídos emblemas sin objeto,
que atados por trágicas cadenas
no me dejan volver a ser quien era...
mis palabras suavizadas por el uso
ya no quieren salir cuando es el alba,
se acaballan conmigo entre la almohada 
y aunque siguen su savia musitando,
pronto se vuelven ecos disparados
que veo desfilar
sin orden y sin fe
sobre el aire dilecto y mercedario,
las que quedan se miran entre sí
pegadas de partidos monumentos
que no llevan manos ni cabeza
y delinquen jugándose la vida
contra el silencio avaro entre galpones,
vacíos de terapia
y de trabajo...
Decía mi canción que era agua vida
la palabra gobernada por la fe,
pero ella yace muda,
encuadernada,
de hojas que el otoño solo pudre,
y el viento vigoroso que va a pie,
las deja rojas ir,
rojas y tenues,
como mis diez yemas desgastadas,
como los iris que ya no quieren ver,
como los mil recuerdos con mi nombre
y los hallados pálidos
después,
de acápites, bruñidas, bien escritas,
o dichas por la tarde hacia la noche,
palabras de algún modo presentidas
por el silencio rendido,
y por la voz,
que produce sus propios estampidos,
su propia mortandad, su canto,
en reverencia a todo lo que sabe
y lo que igual ignora,
salvas para quemar en una boca,
o para ir remando hacia las dunas
donde están enterrados
hace tiempo,
los rencores testados
y el sentido del bien que no logró
convertirse en humano fundamento
o en dulce mapa vivo
de lo ya antes hallado...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 23 de junio de 2017

CADA LÁGRIMA DUELE / Poesía de José Ignacio Restrepo


LLANTO

Nínive reconstruye
cada una de sus calles y altos muros,
cada que veo sesgado esas crueles noticias
que entran por mis ojos sin permiso,
por mis ojos callados que están llenos de almas,
y cantan para adentro atiborrados
no me traigan noticias reveladas,
ni cuentos repetidos por comunes hombres,
traigan mejor aventuras de perros o de gatos,
o nuevos crucigramas delicados con cuentos para niños,
o mullidas historias
vestidas con polvorosos pentagramas
de sinsontes viajeros
que saben sobre lo incierto y lo inaudito,
y aun creen en aromas incesantes
en lugares benditos...

La farsa de la guerra y la crueldad
en la que vos y yo y aquel que mira
vamos de siglos ha ya sometidos,
pone su peso a diario en la balanza
esperando por acápites denarios
que coloque una mano,
y luego otra,
hasta torcer los cursos y la guías,
precipitar orillas sobre ríos
y destilarse de tanques hasta vegas
donde renazcan las uvas de revés,
y se vean tormentas que diluvian
de la tierra hacia el cielo,
y paganos que paren en creyentes
en medio de silábicos hartazgos
y plenos de poderes...
Nínive se derrumba nuevamente
a pura fuerza de genial magistratura,
gritos que hacen de lanza,
manos que enfundan fuerzas renacidas
creídas ayer solo precluidas,
que nacen de la fe de una mirada,
del querer de un soldado que cansado
regresa de la guerra y no halla nada...
o del berrido de un niño que no cesa,
y pareciera así desde hace años,
que quienes bien sabemos solo dice,
paren por fin la guerra,
por favor sean humanos...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 10 de mayo de 2017

¿DE QUIÉN SON POR VIRTUD ESTOS PINCELES? /Poesía de José Ignacio Restrepo


UN ATELIER SOLITARIO


Suave estupor por recobrar el gozo
del hacer sin medir ante el no poder hacer 
soñado entre el licor alguna noche,
viendo en su mano el deseo por mezclar 
el sueño y lo que quede de la vida
mientras mira concienzudo al fiel tubo de blanco
que aguarda a que lo apriete, a que lo mezcle 
en la porción dorada del instante
y mida con sus ojos el color,
el tono advenedizo que resulta
y lo que queda  plasmado de agravante...

Aspira el creador aún a ser fiel 
sangrante del deseo que lo aqueja,
y que habite en la obra su destreza 
como aplauso sereno y paternal,
cual alma que supera las barreras y marcha de la tela
que hace de nueva y llena cantimplora
para la sed rendida e inusual
de quien llegue y observe,
en busca de la frágil inquietud
que produce lo que no fue tan perfecto,
aquello que ha quedado dibujado
sin tener un derecho, al parecer,
el error que entre nace en la mirada
esa sabia opinión, y temeraria,
que debo aquí decirlo
no lo es...

Y cuando queda todo preparado
en la mesa callada y sin pasión,
y no llegue el mandante del milagro,
el dueño de este cálido atelier,
y se quede por tentar todo lo bello
al color que viva y viaje hasta la tela,
y la ventana cerrada solo diga
quizá venga mañana,
y el vaso chorreado de colores
donde gimen sin gusto los pinceles
sacro bien venga este callado entorno
ante el cuadro cubierto a cal y canto,
por la tela de amor que no lo es,
podríamos pintar el suave llanto
querellante olvidado de una cripta
al ver deambular el polvo al aire
y no verlo a él sentado como antes,
prestándole al momento cualquier voz,
mientras crea sin más lo que no estaba...

Añoramos ahora verlo entrar
por el umbral manchado de pintura,
no existe un buen lugar donde encontrar
el latir imperioso de su paso...
él que quiso crear por solo ver
algo hermoso saliendo de sus manos
sirve al sueño infecundo de quedarse
cuando el cuerpo cansado sucumbiera,
sin saber qué diría el sentimiento,
angostado al cromar de la galera
que ya no tiene manchas por limpiar,
ni quién limpie todo ésto...

Un golpe de alma
saltando como liebre desde el piso
 a los ojos de alguno que visite
este cuarto de tonos sibaritas
ahora muerto en mermadas somnolencias,
produciendo cinco incólumes palabras,
destiladas en ocre y gris pizarra
- no murió...
simplemente
llena ésto -

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 3 de mayo de 2017

DE ESA TARDE HABLO... / Poesía de José Ignacio Restrepo


DESCABELLE 


Gris mocedad que se aleja con la tarde...
pero no ésta, la del día llano,
la que abarco en el recuerdo alegre
que me trae lo del hoy como un presente
que cobro igual que si fuera una pensión
con cada hora que pasa
ante mis ojos,
sino la otra que tiene condominio
en los recuerdos más tenues y alejados,
que tienen piel y llanto de rastrojos,
y no te vayas pegados de algún sobre
que sobrevive
cerrado
en un cajón
como soldado volado de la guerra,
en la que nadie cree
y menos él...

Gris mocedad, habita en las galantes
patillas vueltas gris que no sé cómo
voltearon ese ávido café
que poblaba mi cabello
destacando,
alguna cana locuaz no por la edad
sino por la llamada herencia en singular,
que me dejó también la inteligencia
como esa insobornable caridad
que no tiene la ciencia para todos,
te has puesto a libar también mis ojos
que solían aguantar todo dolor
templados
cual órgano severo
de magna y conocida catedral,
ahora se vuelven inocentes en cristal
y bordan de emoción entre las lágrimas,
la vista de quien tenga que mirar
cómo un viejo germina...

Gris mocedad a qué ponerte nombre
si ya te estás marchando con la tarde,
y te veo doblar seria
la esquina,
sin volver a mirar
de qué pecho sereno te has marchado,
a qué hombre habrás de recordar
cuando se acabe el pelo de tu testa
o no sepas muy bien
dónde queda la diestra
y la siniestra...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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