jueves, 23 de marzo de 2017

PARA ANA, EN SU POSTRER VIAJE.../ Poesía de José Ignacio Restrepo




TRES ESTACIONES


Justa es la virtud del buen crecer
y la agradece el árbol caído sin saber
por el crecido peso de su propio follaje,
al verse horizontal ante otros verticales,
sin poderse parar o doblarse en la mitad
mientras pide a fuerzas que le son extrañas,
ser llevado al valhalla para que cuenten con él
la suma ineluctable de los vientos vividos...

Del recuerdo fecundo de esa bella estación
que solo descubrió cuando comenzó a alzarse
y vio el valle de Escipión y los puentes de vidrio,
y las obras calladas de otros antes sepultos,
cree ver en sus ramas aún breves y cortas
la calidez de madres y padres en el bosque,
los vientos que mecieron sus sueños de crecer
y repitieron ecos valiosos y pasados,
que le brindaron fuerzas cada vez que sintió
que este corto sueño ya pronto acabaría...

Divisó cada día el sueño de lograr
ver el alto piamonte mientras nacía el sol
como premio al trabajo de fijarse del suelo...
Una mañana antigua descubrió que tenía
grises de tonos bellos pegados a su tronco
y los cantos mejores de bellos picaflores
anunciaban el cambio a esta otra estación...
observaba sin duda los riscos alejados
que ya había soñado cuando tuvo promesa,
de todos los más altos sentados a la mesa,
del viento bienvenido visitante del norte...
cuánto gusto mirar sin tener que empinarse
todo lo que envidió a otros sin saber
que el llanto por crecer estaría pagado
por la vista del sol naciendo de la piedra,
mientras líquenes nuevos crecían a destajo
en la piel de colores y fuerte como el alma...

Solo fueron segundos de mirar ese sol
que como hermano viejo se funde a nuestra diestra,
sus ícaros volaron de las ramas más altas
dejando casi a solas el mejor de los sueños,
el de alzarse sin más desde humus reinante
con todo su follaje intacto por crecer,
desde el lejano ayer cuando era un arbusto
y el verde de los otros tapaba cualquier luz...
Llega esta legión de suaves, rumorosos, ilesos,
moradores del cielo atados a la tierra
que de tanto crecer llegaron a los cielos
una noche de otoño por siempre prometida,
sus líquenes y musgos volátiles mazorcas
elevándolo grácil, desnudo de impaciencias,
y acaso recibir un lugar en el bosque
donde crece perenne
el secreto de ser....


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 10 de marzo de 2017

LUZ DE PEQUEÑO DESVÁN / Poesía de José Ignacio Restrepo


LA CAVA



Hago visita al arca donde no llevo animales,
solo mis fisuras planas, aromas de ayer en el aire;
y cuento con las dos manos las caídas destempladas,
en las marcas del coraje grabadas en las paredes,
ahora cubiertas del musgo que traen siempre los años
para hacernos más humildes, algo toscos, más huraños...
eventualmente propensos a olvidar los malabares
de esos intentos circenses donde salimos airosos,
para centrar la mirada en las hojas de la prensa...
o en un sitio más seguro cercano a la entramada
donde vuela un colibrí que me convenció de darle
su ración diaria de pan y su pocillito de agua,
y que ya por fundamento le coloco como un padre.

Voy en un verso prestado como arroz entre su cáscara,
filial de otros que me miran, que comparten desventuras,
unas dignas de contar, otras pávidas de olvidos
que se envejecen cual pan sin que las oiga un oído...
Tengo miríadas de versos atascados sin tildar
y ciudades por crear que no tengan monumentos,
cercanas alegorías que no resisten azar
y a las que temo pintar en mis cortos padrenuestros,
pero me alumbra el zaguán de este lugar alquilado,
su mármol acrisolado y su vista a la ciudad,
cuyo aire enrarecido se venga del que respira
pero de lejos se ve auspiciosamente linda...
De esta cava solariega donde hace falta el vino,
puedo contarles que acaso la humedad es demasiada
y el deseo de salir suma y resta al de volver,
por éso froto mi piel contra recuerdos calientes
y hago breves inmersiones en un ron de doce años,
que demora en ese estante cuatro visitas al pozo...

Toma horas renacer cuando decido venir
a esta jaula sin barrotes donde vive todavía
la esquina donde tenía mis amigos reticentes
a prestar vida a la gente y dejar ellos de ser,
también veo el neceser de mi tía Barbarita
del que tomaba prestados cigarrillos mentolados
y su candela más bella con cubierta rosa nácar,
que robé cuando supimos que ya no se levantaba... 
y las riberas del ser que a diario se me ensanchaban
dándome a mi quehacer de correr todos los días
ese lugar legendario donde todo cobra vida
que ahora llevo por pedazos metido en el corazón...
y del que saco bagazos para hacer algún lugar
a estas diarias aventuras desde la silla de mimbre,
herencia de mi papá que no tengo a quien dejar
y que ya tiene tallada la silueta de escritor.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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miércoles, 1 de marzo de 2017

LOS SEGUNDOS ROBADOS / Poesía de José Ignacio Restrepo


LIBRE


Libre de mi...
Aquejado de estos males nuevos
que no se dejan decir
ni poner fácilmente los linderos,
espejos de agua, líquenes profusos,
cascadas reversadas e interiores
que nadie puede ver
aunque se asome a lo más profundo
con cuidado.

Libre de mi,
enterrados los estragos viejos
que me llevaban a ciegas desplumado
como martín pescador
sin ruta de regreso,
como espinado cerdo 
que ya no encuentra gozo
en frotar su cuerpo recio de dolores
y tunante por saberse defender
contra aromas vivientes en las flores
que mal está arrancar
para tener.

Libre,
los asuntos detenidos
en carpetas ya descoloridas
y puestos en talleres que no tienen
Ésto sale o Entra,
como suelen tener en todas partes...
no es menester un orden avalado
por experiencias probadas con tesura,
ni tampoco el pago atemporal
de errores con su propio pedestal...
y menos cohonestar con el pasado
en aras de zanjar el porvenir,
sin repetir lo malo, indeseado,
por no saber servir.

Ya el pago
entró en alguna caja
y hace de algún refuerzo,
no sé cual...
importa por lo menos que ha pasado
y aún brilla en los ojos
esta curva de hoy
mientras bajo 
en este inconsútil tobogán.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 31 de enero de 2017

PALABRA DE CUATRO LETRAS PARECIDA AL AMOR / Poesía de José Ignacio Restrepo


CREO


Creo en mi gato que atiende si lo llamo,
se presta a mis caricias oportunas
cuando dejo de digitar para extinguir
ese amor ilustrado hecho de tactos,
no importa que la piense solo a ella
mientras sus ojos verdes miro y miro,
y mi alma, ese solar convaleciente
que puede ser sembrada pero niega
que alguna filosofía subsidiaria
siembre diáconos gritos insufribles
donde viven mis monásticos silencios.

Creo en mis perros cuyos ojos tristes
me miran para buscar y comprobar
que los miro con sinónima tristeza,
sin un tema preciso, sin siniestra causa,
solo porque yo les puedo hablar
y ellos solo mirarme francamente...
creo que su pereza no es tal
solo deseos de mirarlo todo
y convertirse en ángeles sin vuelo,
en niños que aman bien y sienten celos...

Creo en las mujeres que callan
sus urgencias de hablar y repetir
la causa y el sufragio de dolores
que cargan mal sobre su piel y espalda,
creo en ellas, su lógica no cansa,
han procreado y formado con amor
poniendo en el destino la balanza,
de que van a perder aunque algo ganen,
y eso será quizá algun bordado
hecho de noche con el nombre amado
y que llevan prendido de su seno
para ganarle siempre al cruel olvido.

Creo en no santiguarse muchas veces
ni denostar del fuego matutino
que nos empuja a dar con desespero
el empuje tunante de los cuerpos,
con su evangelio tenaz y repetido
que trata de impulsa lo que está quieto...
más creo en esa mano salvadora
que toma del cabello alguna idea
y amante como siempre reverente,
la devuelve a su caja de Pandora...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 17 de enero de 2017

PARCO Y UBÉRRIMO / Poesía de José Ignacio Restrepo



TORQUE


De fustigar los tiempos no se trata
ni de hacerse de uno mismo antagonista,
que ya sabemos del filo que se aguanta
con morir de a momentos cada día.
estoico lo efímero, se queda
a dormitar sin sueño entre los ojos
mientras gana sin sed el agua eterna
que mana refrescante y sin pedirla
para darle motivo al duelo injusto...

Arremete lo de otro en favor nuestro
y desangradamente nos unimos,
luego al salir el sol nace un motivo
para sin más que aliento respirar
y separar de lo nuestro, de lo tuyo,
lo propio aunque sea un tanto evanescente,
allí con cara noble y algo urgente
comemos un pastel de carne y huevo,
aunque tengamos viandas en la casa
y una mirada pobre y una boca,
que se posa ávidamente en lo que hacemos...

Vaya que sufre golpe de escultura
sin ganar en la figura ni en la forma,
este mundo de sabios sin un tema
y opinadores atados por cadena,
no temas entonces disolver 
esta asamblea de solos y clientes,
ni organizar de nuevo el plebiscito
como búsqueda de ir y de llegar...
y gana metros cerrando la ventana
y escondiendo después bajo la cama
tu ansia de dolerte y descuadrarte
como si fuera el hoy de tu misión
y el grito que te llega de otra parte...
Objeto de esta letra sanación
que ojala se refunda a tu pellejo,
y te de don fecundo, algún jardín,
un pedazo de cielo en tu sinfín
y un poco de sincera egolatría
que te espere diariamente
entre el espejo...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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