miércoles, 30 de mayo de 2018

MIENTRAS MERMA LA LUZ / Poesía de José Ignacio Restrepo


TRENZA


Cordones de cortina
sucios por el uso diario,
muchas veces asidos
sin vigor ni premura,
para que no se marchen los augurios de ayer
al instante de hallar esta ventana abierta,
o cuando se moviera la parda celosía
hecha de arena noble y cubierta de mugre,
tras las nubes que pasan invisibles y llenas
de las lluvias procaces
que caerán mañana...

Cordones de cortina
que ya no bien se mueven
e impiden que yo mire a esa moza que pasa,
a ese combo de niños,
a ese tuerto que canta
entre  murgas pasadas su caudal de dolores,
ya deberé lavar su trenzado algodón,
de elongados misterios y cuentos repetidos
para sentir que el hábito de nombrar sin decir
es tan de la ventana como de mi prontuario
y solo a mi me atiende,
cuando hala la mano...

Cordones de cortina
que una vez fueron nuevos,
prometeros otra vez
ser de mi mercedarios,
y ocultar lo infeliz, lo inútil, lo pesado,
como lo hacen mis sesos y mi lastre paciente,
y mi boca cosida ante tanta vileza;
prometeros ahora correr con celo nuevo
si ella pasa corriendo abajo de la casa,
caminando la acera que midieron los pasos
que traían los sueños y las concupiscencias,
a esta casa feliz,
tomados de las manos...
Que la ventana se abra de una vez, por completo
si es ella la que cruza a prisa por la calle,
que tu algodón descorra sin queja ni rotura,
la ventana que mide
mi dolor y nostalgia.

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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jueves, 16 de noviembre de 2017

SIN PREÁMBULO / Poesía de José Ignacio Restrepo


AL CARBÓN


Suelto ya de todos los preámbulos,
de comienzos que digan liberado,
puedo exhumar de mis fondos más honestos
tus rostros de la luz fotografiados
para encender inicios renovados
con bocas porfiadas
de otros sesos
y regar con sus ecos veleidosos,
tus matas, tus paredes despintadas,
el olor que perdura de lo que eras
por los que fueron
nuestros aposentos...

Puedo inculcar de anís esas miradas
que critican lo que soy sin conocerme
cuando monto en el metro de mañana,
y dejo a secar sin sol sobre la bici
mis decencias moradas,
sabiendo que no es forma de matarme
dejar huesos partidos y aluminio
por salir casi ebrio
a pedalear...
pero no sé muy bien como posar
de olvidadizo y franco al mismo tiempo
cuando veo cerradas las ventanas
y calladas las puertas,
porque olvidaste llevar contigo éso,
la llave para abrir, para cerrar,
este donde acabar
fiel mausoleo...

Te confieso, no sé bien perdonar
ese mal que me has hecho,
llevándote contigo y sin decir
el aire de este sitio...
hallo ya muy difícil respirar
y salgo para salvarme a cualquier hora,
 los otros dirán que no tuve paciencia,
que se han muerto las dos niñas de mis ojos.
Pero solo es amor por dar pelea,
sobrevivir así de forma vil,
mientras puedo entregarte
esa pequeña,
la llave que dejabas cada rato,
cuando ésto era nosotros,
¿aún recuerdas?
y tenía que abrir a tu regreso
y darte acaso un beso...
y ofrecerte el amor que ya no tengo.


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 2 de agosto de 2017

DE LA BRUJA PALABRA / Poesía de José Ignacio Restrepo


RÉQUIEM


Tendido estoy, yerto,
la salvaje escasez de tactos de alma
ha cernido con ansias lo que llevo
y aunque calmo soy preso de temblores...
donde llevaba flores coloridas
hay caídos emblemas sin objeto,
que atados por trágicas cadenas
no me dejan volver a ser quien era...
mis palabras suavizadas por el uso
ya no quieren salir cuando es el alba,
se acaballan conmigo entre la almohada 
y aunque siguen su savia musitando,
pronto se vuelven ecos disparados
que veo desfilar
sin orden y sin fe
sobre el aire dilecto y mercedario,
las que quedan se miran entre sí
pegadas de partidos monumentos
que no llevan manos ni cabeza
y delinquen jugándose la vida
contra el silencio avaro entre galpones,
vacíos de terapia
y de trabajo...
Decía mi canción que era agua vida
la palabra gobernada por la fe,
pero ella yace muda,
encuadernada,
de hojas que el otoño solo pudre,
y el viento vigoroso que va a pie,
las deja rojas ir,
rojas y tenues,
como mis diez yemas desgastadas,
como los iris que ya no quieren ver,
como los mil recuerdos con mi nombre
y los hallados pálidos
después,
de acápites, bruñidas, bien escritas,
o dichas por la tarde hacia la noche,
palabras de algún modo presentidas
por el silencio rendido,
y por la voz,
que produce sus propios estampidos,
su propia mortandad, su canto,
en reverencia a todo lo que sabe
y lo que igual ignora,
salvas para quemar en una boca,
o para ir remando hacia las dunas
donde están enterrados
hace tiempo,
los rencores testados
y el sentido del bien que no logró
convertirse en humano fundamento
o en dulce mapa vivo
de lo ya antes hallado...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 23 de junio de 2017

CADA LÁGRIMA DUELE / Poesía de José Ignacio Restrepo


LLANTO

Nínive reconstruye
cada una de sus calles y altos muros,
cada que veo sesgado esas crueles noticias
que entran por mis ojos sin permiso,
por mis ojos callados que están llenos de almas,
y cantan para adentro atiborrados
no me traigan noticias reveladas,
ni cuentos repetidos por comunes hombres,
traigan mejor aventuras de perros o de gatos,
o nuevos crucigramas delicados con cuentos para niños,
o mullidas historias
vestidas con polvorosos pentagramas
de sinsontes viajeros
que saben sobre lo incierto y lo inaudito,
y aun creen en aromas incesantes
en lugares benditos...

La farsa de la guerra y la crueldad
en la que vos y yo y aquel que mira
vamos de siglos ha ya sometidos,
pone su peso a diario en la balanza
esperando por acápites denarios
que coloque una mano,
y luego otra,
hasta torcer los cursos y la guías,
precipitar orillas sobre ríos
y destilarse de tanques hasta vegas
donde renazcan las uvas de revés,
y se vean tormentas que diluvian
de la tierra hacia el cielo,
y paganos que paren en creyentes
en medio de silábicos hartazgos
y plenos de poderes...
Nínive se derrumba nuevamente
a pura fuerza de genial magistratura,
gritos que hacen de lanza,
manos que enfundan fuerzas renacidas
creídas ayer solo precluidas,
que nacen de la fe de una mirada,
del querer de un soldado que cansado
regresa de la guerra y no halla nada...
o del berrido de un niño que no cesa,
y pareciera así desde hace años,
que quienes bien sabemos solo dice,
paren por fin la guerra,
por favor sean humanos...


JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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miércoles, 10 de mayo de 2017

¿DE QUIÉN SON POR VIRTUD ESTOS PINCELES? /Poesía de José Ignacio Restrepo


UN ATELIER SOLITARIO


Suave estupor por recobrar el gozo
del hacer sin medir ante el no poder hacer 
soñado entre el licor alguna noche,
viendo en su mano el deseo por mezclar 
el sueño y lo que quede de la vida
mientras mira concienzudo al fiel tubo de blanco
que aguarda a que lo apriete, a que lo mezcle 
en la porción dorada del instante
y mida con sus ojos el color,
el tono advenedizo que resulta
y lo que queda  plasmado de agravante...

Aspira el creador aún a ser fiel 
sangrante del deseo que lo aqueja,
y que habite en la obra su destreza 
como aplauso sereno y paternal,
cual alma que supera las barreras y marcha de la tela
que hace de nueva y llena cantimplora
para la sed rendida e inusual
de quien llegue y observe,
en busca de la frágil inquietud
que produce lo que no fue tan perfecto,
aquello que ha quedado dibujado
sin tener un derecho, al parecer,
el error que entre nace en la mirada
esa sabia opinión, y temeraria,
que debo aquí decirlo
no lo es...

Y cuando queda todo preparado
en la mesa callada y sin pasión,
y no llegue el mandante del milagro,
el dueño de este cálido atelier,
y se quede por tentar todo lo bello
al color que viva y viaje hasta la tela,
y la ventana cerrada solo diga
quizá venga mañana,
y el vaso chorreado de colores
donde gimen sin gusto los pinceles
sacro bien venga este callado entorno
ante el cuadro cubierto a cal y canto,
por la tela de amor que no lo es,
podríamos pintar el suave llanto
querellante olvidado de una cripta
al ver deambular el polvo al aire
y no verlo a él sentado como antes,
prestándole al momento cualquier voz,
mientras crea sin más lo que no estaba...

Añoramos ahora verlo entrar
por el umbral manchado de pintura,
no existe un buen lugar donde encontrar
el latir imperioso de su paso...
él que quiso crear por solo ver
algo hermoso saliendo de sus manos
sirve al sueño infecundo de quedarse
cuando el cuerpo cansado sucumbiera,
sin saber qué diría el sentimiento,
angostado al cromar de la galera
que ya no tiene manchas por limpiar,
ni quién limpie todo ésto...

Un golpe de alma
saltando como liebre desde el piso
 a los ojos de alguno que visite
este cuarto de tonos sibaritas
ahora muerto en mermadas somnolencias,
produciendo cinco incólumes palabras,
destiladas en ocre y gris pizarra
- no murió...
simplemente
llena ésto -

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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