martes, 25 de febrero de 2014

COSAS QUE DEJAS UN DÍA, DETRÁS / Poesía de José Ignacio Restrepo



EL ARMARIO 
DE MI MADRE


Vi
los sufragios viejos de mi madre
que mencionaban las muertes del olvido,
las bolas ya no blancas de alcanfor
que solía poner en los bolsillos
para alejar, decía, la polilla,
de aquellos trajes que debía preservar,
del tiempo errante que daña sin querer
lo que se cuida del trámite y la ira,
vi en el mismo cajón mis poesías,
las primeras novatas abstracciones
que del pecho filial me florecían,
cuando solo tenía trece años,
y mi madre llenaba cada verso,
cada palabra hecha de color
que venía como hebra larga y pura,
viajando desde el mismo corazón...

Vi su colección de encendedores,
con mecha a gasolina y nácar viejo,
recordé que jugando a ser mayor
me llevé dos bonitos una tarde,
mi madre descubrió que le faltaban
unos años después me preguntó,
si era culpa de los viejos mecheros
el tabaco y mi escuálida adicción:
por favor, precisé, madre querida,
cómo piensas que algo que sea tuyo
me podría dañar de alguna forma,
yo adquirí ese hábito perverso
sin ayuda o al menos no la de ella,
éso fue hace muchos, muchos años,
el cigarro hace rato lo dejé...
Me miró como miran esas aves
en los palos de mango sus polluelos,
como mira la desnuda estatua
a un Adonis que es apenas cara,
pues de andar entre trasteos y queremes
el cuerpo en marmolina ya perdió...

Ay, mamá, sabes tú cuánto te quiero,
más bien cierra tu inmenso escaparate,
pues mi infancia parece de él brotar,
desde el día en que llegué tan tarde
que lloraste al verme regresar,
hasta ése que tú ya olvidaste
y no dejaste huella para mí,
solo sé que reímos y lloramos,
y que luego sin tu venia
yo me fui...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO 
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jueves, 20 de febrero de 2014

ECOS BAJO LA CÚPULA DE SAL / Poesía de José Ignacio Restrepo


MONACAL


Ornamentos,
nacidos de sus manos lo recorren
como si fuera un bello monumento
y no el lastre fatal, el hombre solo
que a última hora se cree un ebanista
sacando de la tabla moribunda,
un friso o un brocado en visos rojos
para lograr con su talla resolver,
esa inquietud en un cliente nuevo,
que no logra de una vez imaginar
en la mitad de su sala
este diván...

Con la artística insigne, dulce honra
latigando la era de los siglos,
el poeta cual triste ruiseñor
canta largo cual dulce monaguillo,
que hace del templo morada por un rato,
y encuentra en las estatuas y las bancas,
sus motivos redentores,
su sentido,
alza todas las  palabras nuevas
y compone allí otro catecismo,
para luego callar como hace siempre,
no tengo más se explica en el silencio
cuando toca sin más sus ornamentos,
escanciando en vibrattos su lenguaje,
mientras guarda sus ecos de equipaje...

Y la cúpula que no deja salir
ese llanto que de abajo se evapora,
tiene piel, tiene ojos, y saliva
del bagaje acentuado en sus escritos,
alucinan los ángeles que vuelan
en este capitolio de hermandades,
y allá abajo desmembrando soledades,
el poeta recién recapitula,
dos silencios de más ya sin mesura
y llora exangüe y liberto por el mundo,
que no sabe que existe
mas lo añora...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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lunes, 17 de febrero de 2014

ESE VIENTO DE SEDA / Poesía de José Ignacio Restrepo



DEL VIENTO


Qué yace tras la luz y las fronteras, 
de lo llamado, lo dado, por llamar, 
qué deja sus instantes, primaveras,
guardados o tirados por soñar...
Quién es esa bella mensajera, 
escondida en los grumos de su llanto, 
esperando a su príncipe perlado, 
a su Pandora ilesa, a su sueño de condesa, 
ingrávido, alado, por soñar...
Qué tiene de tus labios el recuerdo,
de tu prisa la hora y el segundo,
el rubro compartido que no es
de un final muy feliz solo el preludio,
qué, no quieres decirlo, da vergüenza,
ese gesto febril que poco dura
pero causa en tu boca tal premura
que debes objetar quedarte allí
pues pasa todo aunque poco o nada pasa,
qué...
Es que te besa el viento
y tú bien la recuerdas,
te llega por la nuca de sorpresa,
y te toma del plexo, de la frente
y empiezas a reírte sutilmente,
pues ha llegado ella a tu soñar,
y ese beso del viento inesperado
te la dejó tan cerca,
está aquí mismo,
y besas su recuerdo,
absolutamente bello...
nacarado,
mientras pasa la tarde
y nada más...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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domingo, 16 de febrero de 2014

DE MI SENDA PAGANA / Poesía de José Ignacio Restrepo


ORACIÓN


Trémulos son todos los silencios
que obedecen a norma superior,
que te ordenan que calles, que no hables,
no te explica el motivo, el desencanto,
si es presente ese fuego,
si ha esperado,
sin embargo interrogan,
cuántos nombres de hecho sobreviven
al incendio que todo lo quemó,
o si es que está ocurriendo ahora el daño
y debemos taparlo con la mano,
que ya luce tan roja como el alma,
esa alma callada y recelosa,
que no sabe ser más cueva gozosa,
casa etérea
de dios nuestro señor...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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martes, 11 de febrero de 2014

TANTOS HÉROES / Poesía de José Ignacio Restrepo


MANFREDO


Distraídamente
como si fuera un ser feliz
pasa la calle por doceava vez,
en la mañana tórrida de marzo
en que no sabe porqué
ni en que manera
la vida se le fue sin despedirse,
de la mano de un ser desconocido,
que empuñaba el arma con su espíritu,
y sin más en un momento
disparó...
Vendía dulces baratos en la calle,
y tenía dos hermanos más pequeños,
él era el papa, y la mamá,
el que daba guarida y alimento
a los sueños que apenas se mecían,
de tan recién nacidos
los tenían...
En el pecho quedó
la mancha inmensa,
como caballo que huye
se marcharon
los latidos ya viejos que ahorraba,
para llevar a casa con comida,
Manfredo se llamaba, le decían,
el Mono cuando corría por la calle,
hoy recibió un disparo que no era
ni sufridamente ciego para él...
El tráfico es inmenso, detenido,
luce como el entierro de un famoso,
la sangre se ha regado intensa,
hermosa,
ahora es rojo el frío pavimento,
patria de otros miles de Manfredos,
que hoy trabajan por centavos
como él...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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viernes, 7 de febrero de 2014

DE LA MITAD PARA ACÁ / Poesía de José Ignacio Restrepo



NO TE ARREPIENTAS


Destruida laca, 
levantada desde el surco de tu piel, 
dejando que la voz conquiste el ritmo,
nuevamente, igual que ya hace siglos,
y se convierta sin un solo mandato
en aliento de tu hermosa lencería
que levanta en sintagmas dulces brillos, 
explicando por fe lo inexplicable, 
entre silencios que dicen y descubren, 
bengalas que estallan entre musgos,
qué se dice y dónde es, cómo se alienta,
andan ojos reptando como manos
y alevosos caudillos vueltos mansos,
esperando ternura como niños...
Llena el corto zaguán, no te demores,
se hacen negros los pálidos colores,
de solo yo pensar que te arrepientas,
y le niegues a mis manos el sabor
y a mi boca gigante tu color,
por remediar la nada recordando,
lo que no pudo ser,
o sea el hoy...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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lunes, 3 de febrero de 2014

UNA LÍNEA DE LUZ / Poesía de José Ignacio Restrepo


LABOR DEL ESTÍO


Ensenada...
Una larga y señora línea de luz
escarbada por alguien en la playa, 
donde apenas entre espuma llega el mar, 
vuelve borra tus huellas,
las dejadas en torno al litoral...
La dehesa no sabe que la pueblas 
con tus mejores retoños ya crecidos, 
y el que pasa se sorprende con tu canto,
preso y solo
entre restos de coral
que regala sin más el bello mar,
invocando a Dios de un mil maneras, 
va rompiendo su silencio amalgamado, 
como lo hacen el llano y la montaña
con sus citas de ajenjo y sus anises, 
hasta llegar al fin de la ensenada, 
con el viento de amigo, 
y a su pena, 
en mis pasos alternos, timoratos,
duerme aún la reseña de lo nuestro,
tus palabras colgadas como hebras, 
pulidas de la luz que las borraba...
Como un hangar 
que guardaba sin honrar
las bellas y cinceladas soledades, 
donde sacras palabras retan todo
y se acortan en ecos frente al tiempo,
se toman de las manos tus recuerdos
y alzan vuelo ahora mismo sobre el mar,
mi alma agraria sembrada de alimento 
y el sutil, inaudible desencanto,
por penar mientras voy junto a tu voz,
da semillas para todas las cosechas, 
ya tendrá tu palabra su sustento 
en quien lea la línea de la espuma
y pondrá en su calma el intercambio,
para encantar otra estrella 
en otro callado lugar 
del universo...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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sábado, 1 de febrero de 2014

UNA ODA A LA MEMORIA QUE VUELVE / Poesía de José Ignacio Restrepo




DEL CAJÓN DE LA FE


Las palabras perdidas
que nos miran de lejos a hurtadillas,
con esa sorna leja y pandillera
por observar las grietas insalvables
que ya siente de adentro la memoria,
como el cuidado traje que se ve
a ojo buena prenda, deseable,
pero tiene las costuras desleídas,
y ya le pasa el viento por la fibra
lo cual para su dueño
es un ultraje,
por éso duerme solo en el armario,
y en el se esconden miles de recuerdos,
acaso allí también esas palabras,
que se nos quedan en la punta de la lengua,
los nombres que no usamos
hace tiempo,
los hechos que pensamos sí vivimos,
pero luego al mirarlos en pedazos
nos queda ese sabor amable y raro
pues más parecen sueños
infatuados,
cicatrices que el tiempo nos borró
y no dejó la seña de la herida,
palabras que se nacen de repente
en la bies de una impávida presencia,
colgadas de un farol
que no se prende,
o atadas a la faz de una sonrisa
de alguna que nos pasa por el frente,
viandante que no sabe qué es ser triste,
pues sus años de curiosa golondrina
solo cortos veranos regalaron,
no como este que escribe
en el invierno,
luchando por traer vivas y sanas,
las palabras perdidas
y los verbos,
que el tiempo se llevó
por la ventana...

JOSÉ IGNACIO RESTREPO
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